Homenaje a la más grande

Posiblemente mi vecina hable de sí misma en tercera persona. La he oído musitar para el cuello de su camisa cuando subía la escalera. Se trata de un cuarto sin ascensor alguno. Aprovechando su paseo por el barrio me he colado en su casa. El pequeño balcón de mi cocina comunica con el suyo y suele dejar la ventana entreabierta si tiende su ropa, no sé con qué cometido. La vi en la calle con su perro feo, el que enseña un solo colmillo, y aproveché que tarda media hora en subir todas las escaleras. Me costó levantar la pierna lo suficiente como para verme al otro lado de la barandilla, pero lo conseguí sin pisar ni romper nada. Ya dentro pude ver junto a la ventana numerosas vírgenes formando un altar, y cera retorcida de las velas que se han ido consumiendo. Una biblia sacraliza la mesa auxiliar,  al lado del sofá que preside la ventana. Pelos del perro feo forman pequeñas pelotas bajo la mesa camilla. Las baldosas ajedrezadas del suelo bailan el compás del que las pisa. Hay tarros apilados en la cocina y un viejo lavadero de mármol blanco, con un desagüe circular por el que ha escurrido todo el mar Mediterráneo. El papel de las paredes amarilleó hace décadas, a síncopa con los muebles curvos y el tic tac del reloj. El crucifijo ya tubo tiempo para memorizar la sala, para dejar su marca en la pared. Ya pasaron todos los días esperados, todos los finales de mes y todas las visitas ya se fueron.

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[Pareciera como que todo el tiempo potencial que un ser humano pudiera poseer, hubiera explotado en un largo lapso temporal de setenta años. El sol explota, el universo explota, los granos explotan y la vecina explota, cada uno a su ritmo]

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En pleno éxtasis contemplativo kitsch, escucho el ladrido del perro al otro lado de la puerta, e intuyo su colmillo. No me da más tiempo que el de correr cuidadosamente hacia el balcón procurando no hacer ruido. Paso junto a la mesa camilla y sin quererlo, como se hacen éstas cosas, estiro la mano para darme cuenta después, ya dentro de mi domicilio, de que he sustraído una foto. Parece que no podía marchar sin llevar conmigo algo de aquella atmósfera. Casual y no casualmente se trata de una foto que recoge un ambiente similar, pero no es mi vecina; podría ser su hermana. Adjunto foto y tapo sus ojos para evitar represalias. Puede ser que ella casualmente dé con esta página Web desde el punto de acceso del centro cívico, donde aprende a gestionar su correo electrónico. Existe la misma probabilidad de que toque éste número en el sorteo del jueves y el sábado de la bonoloto:

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23 34 12 55 40 10(c) [es bonito, ¿verdad?]

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Marco Ðada¸


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